Hoy ha sido un día feliz. He comido Pollo. Ya se me había olvidado su sabor. Está delicioso. Lo he devorado. ¡Qué hambre tenía! Creo que es la primera vez que como uno entero. Te preguntarás cómo ha sido. Pues bien, te lo explico.
Siempre que voy al centro a mendigar, cuando llega la hora de la comida, me acerco a los restaurantes y me pongo a mirar por los cristales, con la carita bien pegada al escaparate. Normalmente, me echan, porque asusto y molesto a los clientes, pero en esta ocasión, cuando me echaban, surgió un hombre que, tendiéndome su mano me dijo: “Me llamo Alejandro y quiero ser tu amigo”. Le dije que tenía hambre y me compró la comida.
Espero volver a verle. Es joven y lleva barba. ¡Ya está! Le llamaré “El Barbas”.